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Somos hijos de nuestros hábitos

Queramos o no, nuestros hábitos definen nuestras actividades la mayoría del tiempo. Llevamos la gran parte del día actuando sin ser conscientes que lo estamos ejecutando. Desde los movimientos de nuestras extremidades hasta la forma de pensar que tenemos, nuestra forma de reaccionar es moldeada desde antes. Parece que el cerebro tuviera pereza en casi todo su tiempo activo. Son pocas las tareas que este deja improvisar y deja que controlemos su paradero.

Pensemos esto:

Si trabajamos en un lugar fijo, salimos de casa después de tomar nuestro desayuno (ni empecemos a hablar de nuestros hábitos alimenticios), agarramos las llaves del auto o casa de nuestro lugar habitual, nos ponemos los zapatos dejados en el mismo lugar, y cerramos la puerta de la misma forma. Así nos trasladamos hacia nuestro destino por el mismo camino, nos subimos al mismo medio de transporte de la misma manera. Vemos las mismas cosas en el camino, apreciamos los mismos detalles. Sea buena mala, mejorable, criticable, perfecta, esta forma no varía mucho día a día. Se trata de la gran mayoría de los días de una vida rutinaria.

Ahora pongamos una vida que sea un poquito más variable. Estamos de viaje por ejemplo. Nuestro cerebro está expuesto a centenares de nuevas alternativas y realidades poco predecibles. Entonces, nos levantamos en un nuevo día y hacemos nuestra primera acción del día. Nos dirigimos al baño, nos lavamos los dientes, hablamos unas palabras y queremos tomar nuestro desayuno. Estamos en un lugar distinto al habitual así que el desayuno también lo es. Entonces la primer rebanada de chapati, guiso de pescado o arepa la introducimos en nuestra boca y definimos este momento. Será bueno, sabroso, distinto, inusual, un asco, delicioso, pero es definido a partir de nuestros hábitos previos. De nuestros gustos. De nuestras estructuras ya establecidas.

Así, tanto aquellas bondades como aquellas disgustos los sellamos y etiquetamos como si fuera este nuestro día habitual. Entonces ¿qué cambia? Podrá cambiar nuestro entorno, pero siempre estaremos definiendo nuestra realidad desde nosotros. Si algo externo cambia nuestra forma de pensar será porque fue más fuerte que nuestras estructuras y logro atravesarlas, construir encima, expandirlas, o simplemente transformarla.

Nuestras convicciones y creencias son atajos para abordar situaciones desconocidas desde lo ya conocido.

El cerebro quiere hacer el menor esfuerzo posible. Quiere gastar la menor cantidad de calorías. Entonces aquello que parece desconocido, inmanejable, osado, perspicaz, difícil de agarrar resulta una amenaza para nuestras estructuras vigentes. La forma inmediata que tiene de resolver o relacionarse con el entorno es de la manera conocida.

Son herramientas que nos fortifican.

Los hábitos ejercitan nuestra fuerza. La mental, claro.

  • Hacen las conexiones cada vez más fuertes, más conocidas, más fáciles de usar.
  • Traen conexiones conocidas que pueden colaborar y ahorrar energía con la situación que se nos presenta
  • Ayudan a generar eficiencia
  • Profesionalizan nuestra actividad
  • Fortifican nuestras capacidades

Son mecanismos auto-sustentables que tienen la capacidad de accionar inmediatamente cuando se las necesita. Colaboran con el aprendizaje y ayudan a la asimilación.

Nuestros hábitos son atajos para acortar el tiempo de acción, pero también disminuyen nuestra conciencia sobre la experiencia.

Estos mismos hábitos que nos favorecen en tiempo y energía también son lo que nos entumecen y congelan ante situaciones nuevas. Sino dejamos que situaciones nuevas desafíen lo conocido, entonces no lograremos expandir nuestro conocimiento y satisfacción personal. Todos queremos expandirnos, ¿verdad? La manera que tenemos de expandirnos es creando nuevas conexiones en nuestra cabeza. Ampliando el campo de visión, creando nuevos universos dentro nuestro.

Aquellas actividades que pasan a ser hábitos empiezan a ser comandadas por el subconsciente y demandan menor energía, por ende será más fácil ejercerlas.
Los hábitos en nuestra vida
Después de múltiples repeticiones se activa el hábito.

Los hábitos nos ayudarán a encontrar nuestro maravilloso Flow mientras hacemos una actividad. Igualmente, vale la pena distinguir entre hábitos automáticos y aquellos conscientemente predispuestos a seguir mejorando. Los primeros ayudan poco a mover nuestro desarrollo y los últimos promueven el aprendizaje y el perfeccionamiento de nuestras actividades.

Crecemos cuando superamos los hábitos que construimos con dedicación

La próxima vez que hagamos una actividad de manera distinta seguramente terminemos cansados. Ese agotamiento tiene que ver con el esfuerzo que le generamos a nuestro cerebro. Gastamos más calorías de las que venimos usando normalmente.

Cuando creamos y definimos a medida que las cosas se presentan, no nos perdemos en nuestros propios cimientos. Dejamos de postergar nuestro crecimiento para trabajar en pos de él y ser mejores personas.

Planteemos dos escenarios.

Escenario A

Supongamos que entramos a un bar al que solemos ir y hay nuevos meseros. Sorprendidos, recurrimos a la misma bebida que elegimos siempre y notamos que la persona lo hace de manera diferente. Este detalle es percatado por nuestros hábitos y puede producir nuevas sensaciones en nuestras emociones y estados de ánimo. Puede transformar nuestra rutina y convertirla en el infierno. Entonces, recibimos la bebida y efectivamente no está hecha con nuestros componentes habituales. Nos altera nuestro humor y posiblemente se replique este en otras actividades a lo largo del día. Dejamos que una situación externa nos modifique la situación interna.

Escenario B

La misma situación ahora con una otra postura. Cuando el mesero nos trae la bebida, observamos que lleva puesto, el gesto en su cara, la forma que tiene de caminar, desde dónde salió y el camino que tomó para traernos el refrigerio. Cuánto tiempo tardó y que nos dijo al momento de dejarlo. Tomamos el vaso desde abajo (distinto a lo habitual) y esta vez lo apreciamos durante un poco más de tiempo, notamos algunos colores que cambiaron, el tamaño, la fluidez y hasta el olor. Nos dedicamos a probarlo y esto corresponde a una experiencia totalmente diferente. Logramos ver otra realidad. Logramos utilizar nuestra inteligencia para absorber una situación nueva de una manera reparadora, enfocada en la transformación, en la nutrición. Así este trago no será el mismo, pero habremos construido nuevas conexiones mentales para transformar nuestro cerebro. Logramos, desde una postura interna absorber una situación externa poco usual.

La forma de crecer tiene que ver con cambiar y crear nuevas estructuras. Abrirse camino mediante esos armazones atravesando la película que los conserva. Observar las situaciones, paisajes, objetos, personas, acciones de una manera poco familiar. Responder a lo que nos toca y a lo que somos capaces. Empoderar nuestras capacidades. Hacerse cargo de la responsabilidad que tenemos de ser humanos.

Pondero el viajar por el hecho de verse expuesto a situaciones poco comunes constantemente, pero en el caso de no poder hacerlo por el motivo que sea, se pueden alterar nuestros hábitos para generar rupturas hacia caminos que sean positivos para nuestro crecimiento personal.