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Los problemas de la mala comunicación

Los teléfonos descompuestos. El mensaje equivocado. El resultado equivocado. La incomprensión.

Cuando tratamos de comunicar algo, lo hacemos como si fuera un cable que lleva corriente de un lugar a otro. Dicho cable puede tener diversas formas, pero siempre conduce la electricidad del punto A al B. Digamos que de emisora receptor.

Uno de los principales factores que producen la falta de entendimiento tiene que ver con la falsa ilusión de parte del emisor de asumir que el mensaje es claro. Por el solo hecho de comprender el mensaje para sí mismo, esto puede crear una incorrecta visión de cómo este llegará a destino. Esto se aplica tanto en una obra gráfica como en cualquier tipo de diálogo. La visión que tiene uno mismo sobre el mensaje no es la misma que van a tener otros.

"¿Cómo? ¿Llevo protector solar?"

Otro factor puede ser la aparición de saltos lógicos (o mejor dicho ilógicos) propios del emisor. Se omiten aclaraciones necesarias, se utilizan informaciones poco importantes que crean confusión y evitan que la comunicación sea fluida o por lo menos acertada.

La buena comunicación pone el foco en el receptor y no en el mensaje.

Por otro lado, frecuentemente, al concentrarnos demasiado en el contenido dejamos de lado al que lo recibe. Si no pensamos en el receptor, estaremos encarnando al mismísimo ser egoísta en nuestro mensaje. Seremos portadores de nuestras propias preocupaciones e ideas sin ubicar en el mapa la verdadera razón de comunicar. El destino. El resultado final. El impacto. Lo que se quiere obtener con todo esto.

Evitemos:

  • Asumir que los demás interpretarán el mensaje al igual que nosotros mismos.
  • Utilizar saltos (i)lógicos
  • Enfocarse demasiado en el mensaje

Cómo comunicar mejor

Los comunicadores efectivos ponen foco en el otro, no en sí mismo o en el producto. Debemos definir nuestras razones, sí, pero a quién le llegará esto es clave para transformar nuestra eficacia en la comunicación.

En el caso de la ilustración, como cualquier materia que implique llevar un recado de punto A a B, nuestro receptor será definido, luego el concepto destinado a ese receptor y luego el material que expondremos para producir el efecto que queremos lograr.

Si primero produjéramos el mensaje, aquel vacío generado por falta de destino sería llenado por el primero que se cruce con él. Sería como querer iluminar una sala con una licuadora en vez de utilizar una lámpara al final de nuestro circuito. El objetivo está en iluminar y la electricidad debe ser llevada a una lámpara, no a otro aparato que tenga otra función.

Esta metodología puede ser válida para generar producción de contenidos, pero el efecto que esta traiga podría resultar aleatorio. Sino definimos la consecuencia que queremos que tenga, tendrá carácter propio y no será controlada por nosotros. Será librada al azar y crecerá orgánicamente con su personalidad, no la nuestra.

Nos enfocamos en nosotros mismo y no en el impacto que produciremos.

En el caso de definir un impacto se buscará el control sobre el resultado y sobre todo incluirá un sujeto al cual afectar con el mensaje.

Concretamente nuestras emisiones necesitarán:

  • Definir el efecto/impacto. ¿Qué quiero producir con mi mensaje?
  • Definir el sujeto. ¿A quién le quiero producir eso?
  • Definir el contenido. ¿Qué material usaré para producir el efecto deseado?

Poco importa el orden en el que se haga esto, pero sí serán necesarias las 3 para generar una mayor efectividad y una menor aleatoriedad. Favorece a la buena comunicación y sobre todo al consumo de información ordenada. Encontrando motivos podremos enfilar nuestras energías hacia generar un impacto enfocado, preciso y eficaz para poner en movimiento lo que queremos lograr.

Comunicando bien y sus efectos

Como comunicadores, limpiando y emprolijando nuestros motivos para que sean utilizados por un determinado sujeto es una forma de organizar y tratar con cuidado tanta mugre mediática. ¿cómo sabemos qué consumir? en el rol de comunicador, debemos tomar las riendas y hacer el trabajo con motivos efectivos.

Como consumidores, nos levantamos y tomamos el móvil para apagar la alarma y ya en ese instante empezamos a consumir. Prendemos la radio, un podcast, el diario, 1 mensaje, 3 mails, 5 mensajes más y ya no tenemos más control sobre qué decidimos consumir y cómo. Estos hábitos nos tapan y crean tanto ruido en el rol de consumidores como en el de comunicadores.

Habiendo tanta gente que dispara sin motivos sus municiones, debemos ocuparnos de encontrar nuestros propios motivos para consumir. Sabiendo qué se quiere obtener, buscando razones, curando nuestra información seremos más conscientes de nuestros enfoques y veremos mejores resultados al momento de absorber la información.

Nuestras producciones pueden ser parte de lo que tenemos adentro teniendo carácter sincero y auténtico, pero siempre lo haremos con una finalidad aunque sea oculta o no la veamos. Es preciso encontrarla antes de querer que otras personas entiendan nuestro mensaje como arte de magia. Debemos asumir la responsabilidad de comunicar con intención y no solo producir ruido en este planeta tan aceleradamente conectado.