nuevo
Escúchalo mientras caminas!

Cuando no fluye

Saltando de un lugar a otro, haciendo aquello que dicen que hagamos, contando el tiempo como si nos lo estuvieran quitando. Son esos momentos en que lo que hacemos no parece aportar demasiado a nuestra causa, en los que el tiempo no se pasa más y lo tenemos tan en cuenta que parecería que fuera el aire que necesitamos para vivir.

Cuando el tiempo nos caga a trompadas.

¿Cómo entonces si pensamos tanto en él no nos hacemos cargo y lo utilizamos a nuestro favor?

Las actividades en las que lo único que queremos es que el tiempo pase son alarmas que nos sirven para saber que eso no nos está haciendo bien o no nos está llevando hacia nuestra causa.

Son pocas las herramientas que vemos claramente en el día a día. Casi imperceptibles, aparecen y se van como sombras. Carecen se sustancia propia, por lo que no son los sentidos los que debemos usar para percibirlas. En el caso de situaciones o momentos que no nos gustan, son esos los que demandan la atención que no queremos darle, la energía que tenemos guardada para algo que vale la pena. Así, se ve como maratón algo que en realidad tiene 1 cuadra. Se ve lejano algo que tenemos a simple vista frente a nuestras narices y no lo queremos reconocer.

Actividades que son determinadas por factores externos son las que van degradando esta esencia que naturalmente tenemos y que ponemos en pos de otros. Nos determinan nuestros movimientos y pareciera que accionan contra nosotros mismos. Así, nuestros mecanismos internos se las arreglan para conformarse con lo que toca y adherirse a aquellas imposiciones para pasar a ser reemplazos aptos para seguir la vida.

“En realidad estoy bien en mi trabajo”, “La verdad estoy cómodo, no es lo que quisiera tener en realidad, pero me sirve para vivir”, “Es lo que nos toca”.¿Suena familiar?

Son todas decisiones que signan nuestra propia existencia para acomodarlas a esas condiciones que fueron dadas desde afuera nuestro. Por supuesto que algunas son más difíciles que otras, algunas más benéficas que otras, pero, ¿Qué nos queda? ¿Por qué es preferible asentarnos con lo que “nos toca” en vez de escuchar a aquello que nos está diciendo lo que realmente nos importa?

La incomodidad que nos genera enfrentar las condiciones actuales, sumado a la incertidumbre no son actividades que demanden poca energía. Debemos nutrir esas nuevas ideas con montones de energía que tiene que estar destinada y enfocada en eso. No es una tarea fácil de hacer. El cerebro tiende a gastar la menor cantidad de calorías posibles mientras encuentra actividades que sean aptas para la supervivencia. Está predeterminado a esos dos estados. Así, algo que demande más energía, como hacer ejercicio, jugar, practicar arte, entablar una conversación que genere crecimiento (por lo tanto atravesar estructuras) van a ser demandantes de mucho más. Es ejercicio que le hacemos hacer al cerebrito que lo único que quiere es sobrevivir en este mundo. Tendríamos que forzarlo a estos nuevos labores y la mejor manera de endulzarlo es generar el hábito de trascender los hábitos.

Cuando fluimos

Nos encontramos lidiando con nuestros pensamientos la mayoría del tiempo. Creemos que comandamos aquello que nos llega, el resto lo dejamos ser como viene. Recibimos esa información quién sabe de dónde, la procesamos y es eso lo que usamos para relacionarnos, para compartir, para progresar. Esa información externa la procesamos, la usamos, la alteramos y la hacemos nuestra. Después la usamos como voz propia para conformar nuestros pensamientos, preguntas, decisiones, afirmaciones, opiniones, proyecciones.

Pero existen momentos en donde dejamos de estar en nuestras cabezas. Estamos haciendo alguna actividad con mucha concentración, con un enfoque extraordinario y nos volcamos de lleno en el proceso, le destinamos gran parte de nuestra capacidad cerebral a nuestras acciones y nuestros movimientos. Quizás nos encontramos en alguna charla, andando en bicicleta, haciendo el amor, dibujando o pensando en alguna idea nueva y estamos empecinados en seguir haciéndola. Agentes externos no logran sacarnos de ese estado, los movimientos y las palabras fluyen como si supiéramos cómo hacer o decir todo. Surgen nuevas metodologías liberadas por el mismo canal en el que estamos. El mundo externo parece entumecido e incapaz de penetrar nuestro estado mental tan agudo. Esta meditación activa favorece nuestras capacidades naturales de atención, enriquece la vida desde el hacer y nos predispone para disfrutar nuestras tareas.

Nos elevamos en nuestras actividades.

Son breves los momentos en que este estado aparece y lo podremos percibir sobre las actividades que más disfrutamos. Dejamos de tener conciencia el paso del tiempo, los pasos de una actividad dejan de verse como estadíos para pasar a ser una misma corriente por la que transitamos. Las ideas entran con dinamismo y se refutan o validan sin demasiados preámbulos. El foco parece tal que no nos detenemos a dar vueltas sobre el por qué, sobre cómo, sobre las imposibilidades de hacer o decir tal o cual cosa. Simplemente suceden.

Así, nos damos cuenta que estamos fluyendo. Pasamos a pertenecer a una orden mayor, es una especie de Upgrade momentáneo que nos sorprende hasta a nosotros mismos. Las actividades que nos fascinan, aquellas que le brindamos la vida, aquellas personas con las que se puede hablar durante horas, los momentos en donde aprovechamos para solamente hacerlo que tengamos ganas, son las que producen este estado. Son las que te brindan la llave para entrar y despojarse del tiempo, de los pensamientos que van y vienen, de las dudas y de nuestros miedos. Son aquellas actividades que nos favorecen al desarrollo personal, a ubicarnos en el mapa y a saber para dónde vamos.

Los beneficios del Flow. ¿Cómo lo administramos?

“Libre me siento como cuando acabo de estrenar un par de calzoncillos. Con más claridad que un día de sol después de la nieve. Vívidos están los objetivos por el hecho de ponerse manos a la obra. Quisiera saber como permanecer en este estado por siempre, sabiendo que en un instante podré propulsar mis pensamientos en acciones sin otro objetivo que materializar aquellas ideas que tan lejanas tenía en mente.”

  • Charles Antteoggi, CEO de Falso Inc.

Uno se encuentra concentrado. Busca una tacita de café, recurre a su ritual matutino y comienza a hacer andar esa rueda que permite comunicar lo que tiene adentro y materializarlo. En el caso de la ilustración, los beneficios son claros. En un abrir y cerrar de ojos habremos pasado de agitar el pincel de acá para allá sin sentido a crear una pieza que salió de nosotros mismos.

La claridad será una de las ventajas que tendremos en este estado. Se ven los trazos más nítidos, se conectan nuevas y antiguas ideas formando frescas nociones de lo que se quiere seguir haciendo para representar lo que tenemos en mente. Los conceptos se mimetizan y se superponen, crean nuevos sentidos y conexiones que nunca nos hubiésemos imaginado.

Nuestros movimientos parecen ser más veloces. Tiene que ver con lo rápido que surgen las nuevas ideas en correlación con lo que buscamos. Consecutivamente aparecen sin perder ni un segundo, creando flujo que ahorra tiempo y previene bloqueos.

Sin pensarlo dos veces, los trazos ocurren. No hay dudas ni vacilaciones. Parece que tuviéramos activado algún tipo de truco que nos permite llegar al nivel final del juego. La determinación parece infalible y supera nuestras expectativas. Todas las barritas energía se llenan para llevarnos al nivel máximo.

A través de aciertos, pequeñas victorias y descubrimientos internos, uno logra encauzarse en un estado maravilloso. Nuestras tensiones se empiezan a disolver, las preocupaciones parecen pan comido y nuestras capacidades parecen aumentar a medida que nos adentramos en este hábitat. Parece que no existiéramos más, que la pluma trabaja por sí sola.

Para entenderlo, es necesario ir contrastando el nivel de disfrute y de acierto en nuestra actividad. Ir regocijándose al hacerlo, ir cumpliendo micro pautas auto-impuestas que van subiendo la stamina para completar este super poder que todos tenemos. Cuando nos queremos acordar, se crea un entorno en el que hasta parece que podemos volar.

La correlación de aciertos dentro de una actividad favorece a recrear estas sensaciones y modifican nuestra forma de verla. Anotamos mentalmente estos atinos para aletear y mantenernos en el aire hasta lograr el fluir. Una atrás de la otra, las ideas corren como si alguien nos estuviera dictando qué viene después de qué y cómo nadar en el vasto océano de posibilidades.

Las estrategias que uno tome poco importan si se trata de obtener ese plus que uno necesita para que una actividad resulte digna del alma y no de ese ser tan mundano. Se necesita una ayuda que provea al ser de vida y a su obra la vuelva sobrehumana. Este estado se trata de hacer salir eso que tenemos adentro sin tener noción del tiempo, sin percatarnos del resultado y sin enfocarnos en los objetivos. Se trata de sustraer aquellos componentes que estorban para lograr obtener las capacidades que uno realmente posee.