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Escúchalo mientras caminas!

Uno de los efectos de nuestra digitalización permanente corresponde a la urgencia de estar a la orden del día con nuestros aparatos, sistemas operativos y herramientas digitales.

Sino somos nosotros mismos los que generamos esto, serán las publicidades, las nuevas tecnologías, las relativas ventajas de tener los más nuevo disponible.

Existe una inconveniente con esto y es que sucede aceleradamente. Es decir, la velocidad va aumentando a medida que pasa el tiempo. Nos persigue sin que sepamos ni siquiera qué es lo que realmente necesitamos.

La clave estará en analizar constantemente nuestros objetos, en convencernos que nuestras herramientas están realmente cumpliendo con su cometido y no sucumbir ante las diferentes publicidades de nicho que nos atacan día a día.

Pero, ¿cuándo debemos hacer el cambio, aprender la nueva herramienta, invertir tiempo en reemplazar esa app que tanto nos dio?

Sumergiéndonos en la digitalización

2021, 5G, autos digitales, domótica y remotización del trabajo.

¿Queda alguna duda que una de las partes de nuestro pasar digital tiene que ver con actualizaciones?

No, pero entregarnos a un sistema que constantemente requiere de actualización hace que nuestra urgencia sea muchas veces relativa. Quizás tengamos una mínima razón para hacerlo, pero la línea trazada para determinar si algo es obsoleto es un poco difusa hoy en día. Por otro lado, da bronca la velocidad con la que se renuevan los productos, tanto digitales como físicos.

Mi postura es: si te vas a embarcar en alguna actividad digital, más vale que estés lo más actualizado posible.

El problema con la evolución digital es que está trazada tanto por la oferta y la demanda, como por los requisitos reales de la humanidad y los del mercado, como por la incipiente necesidad de atravesar más cómodamente nuestras realidades. Cuando el ritmo está trazado por el ser humano pareciera ser antinatural. Deja de tratarse de una adaptación natural y se convierte en una actualización forzada por los resultados que queremos tener.

Si vemos cualquier tipo de ciclo en la naturaleza, este resulta inmensamente más lento. La evolución funciona gradualmente y se posiciona de manera sólida en la fisicalidad que le compete.

Nuestra evolución manufacturada está necesariamente atravesada por una demanda a la que debemos ceder si nuestras actividades están embebidas de ello. La hipocresía de luchar contra una actualización permanente tiene que ver con aquellos que resongan con el modelo anterior y natural, pero quieren aún así pertenecer al modelo actual.

Los resabios de una estructura analógica se pueden adosar a una digital y pueden crear nuevos e interesantes resultados, pero cuando nuestra actividad está basada en un intercambio de bits, nuestra predisposición debe inclinarse a la evolución.

Las reglas que forman parte de esta digitalización tienen que ver necesariamente con una modernización permanente.

No hay razón para no sentirse abrumado y sobrellevado por esto, pero una postura saludable es buscar surfearlo mediante la selección explícita de contenidos, herramientas y plataformas a utilizar y actualizar. Saber subirse a la ola cuando está realmente para hacerlo o dejarla pasar y subirse en la próxima.

No se trata de abandonar o refunfuñar mientras la ola no tiene las características exactamente como las imaginamos. Es la adaptación y permeabilización de nuestro pasar lo que realmente hace que suceda de manera natural y sin demasiadas fricciones.