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Escúchalo mientras caminas!

Como ya hemos visto en Nomadista, cuando encaramos un proyecto nuevo tendemos a encargarnos de todo. Más aún si tenemos los conocimientos para hacerlo, nos cuesta delegar tareas o asumir gastos para reducir nuestra carga.

De esa manera, nuestro tiempo de vacaciones se ve descuidado y puede pasar que no encontremos el momento para tomarlas.Q

Tenemos que empezar a encadenar clientes para tener continuidad, nuestros ingresos cubren lo mínimo para mantenernos como freelancers fulltime y eso ya es un lujo. ¿Vacaciones? ¿Quién las necesita?

Déjame decirte que las necesitas y mucho. Tanto, que es demasiado tarde cuando vemos el resultado de haber trabajado 2 años seguidos sin un fin de semana completamente libre de compromisos.

Parte de nuestro discurso como freelancers

Cuando nos comprometemos a encarar una vida de trabajo independiente, afrontamos la responsabilidad de todo aquello que esto conlleva. Gastos, impuestos, quejas de clientes, falta de continuidad de trabajo, etc. De la misma manera, y como todas las semanas soportamos estas papas calientes, las vacaciones están al final del tarro.

Considerar un fin de semana para soltar nuestros compromisos y establecer una relación con otros intereses parece fantasía.

De hecho, si tuvimos las suficientes agallas para dedicarnos a lo que nos gusta y encarar un negocio por nuestra cuenta, porque debería apagarse, ¿verdad? Bueno, por salud y desempeño.

Nuestras intenciones son nobles y nuestros intereses responden a un crecimiento que no comprendemos posible mediante una pausa.

Ventajas de tomarse un tiempito

Mmm.. debería explicarlo?

Quizás a un freelancer sí.

Es difícil de materializar el resultado real que nos dará un tiempo libre. Dejar reposar algo que tiene desgaste tiene más que ver con diagnosticarlo y determinar que está gastado que con conocer el resultado de su recuperación. Simplemente, "así no funciona, tenemos que parar" es una buena premisa para adoptar en cuanto a nuestro descanso.

De la misma manera que un auto tiene desgaste en las ruedas, amortiguadores, carrocería, etc, nuestro cuerpo y nuestra mente también. Quizás seamos eficientes día a día y logramos una rutina de descanso efectiva que nos permite mantenernos bien despiertos y activos durante nuestras actividades. Quizás nuestra alimentación ayuda o nuestras salidas nos despejan momentáneamente. Pero, ¿han probado apagar la cabeza durante unos días? Se siente increíblemente renovador.

No es necesario completar la típica vacación de 15/30 días para gestionar nuestro desenchufe. A veces tomarnos esta cantidad de tiempo resulta contraproducente porque nos alejamos demasiado de nuestros quehaceres y estamos demasiado desconectados para volver.

Unos días en alguna semana voladora puede hacer maravillas.

Una interrupción de actividades y transporte a otra ciudad sin nuestros elementos de trabajo puede desaparecer nuestros vicios, armar nuevas ideas y sobre todo dejar espacio entre nuestra actividad y nosotros. Generaremos perspectiva y entablaremos relaciones con otros aspectos de nuestra vida que muchas veces se ven olvidados en la vorágine diaria.

Bueno, se trata de la mismísima razón de las vacaciones, ¿verdad?

Alternativas vacacioniles

Una semana de desconexión en la montaña parecería ideal, pero muchas veces no contamos con recursos como tiempo, dinero, lugar geográfico accesible o motivación. Basta con lograr esa desconexión para efectivamente estar de vacaciones.

Si queremos desconectar en su totalidad, nuestros elementos de trabajo son los que en realidad están vinculándonos con él.

La primer alternativa se trata de la más fácil en cuanto a recursos, pero quizás sea la más difícil de atenerse. Desconexión total de dispositivos de comunicación.

Basta con desinstalar aplicaciones de nuestro móvil, apagar y guardar el ordenador, enviar un mail avisando a nuestros clientes de nuestra desconexión y aguantarse la abstinencia de uso de tecnología. Siendo ésta última la más difícil de lograr.

Veremos como nuestros días estarán realmente desocupados. Espacios en blanco, aburrimiento sano, posibilidades de agendar otras actividades y por sobre todo, aire entre lo que debemos hacer y lo que hacemos. Empieza a tener más preponderancia lo que queremos hacer en el corto plazo y nuestras neuronas se alinean hacia la desconexión de aquello que llamamos trabajo.

Esta alternativa es recomendable para tiempo cortos, para personas no muy movedizas y para aquellos que tienen buena relación con el roce de desconectarse de sus hábitos.

Otra alternativa es el clásico viaje a una región que nos atraiga e interese.

¿Para qué aclararlo, no?

Bueno, lo traje aquí porque se puede sumar a nuestra política de "desconexión total de dispositivos" y hacer que sea un verdadero tiempo de descanso. A veces esta alternativa la elegimos como predeterminada y esperamos una desconexión real por el solo hecho de trasladarnos a ese otro lugar. Cuando nos queremos acordar, estamos en el segundo día respondiendo un emailcito, enviando un archivo urgente y respondiendo a una oferta de trabajo.

Dependerá de las expectativas de desconexión de cada uno, pero si nuestras esperanzas están alineadas con desenchufarnos, entonces ¿por qué no dejamos nuestros accesorios y dispositivos atrás? Bueno, porque no planeamos nuestras vacaciones con la prioridad e importancia que se merecen.

La tercer alternativa que plantearé aquí está en relación con la anterior, pero tiene una vuelta más. Se trata de hacer una planificación de experiencias distintas sobre el destino y las actividades que tendremos allí. Además, si el destino es ajeno en relación a paisajes, cultura y experiencias, mejor aún.

Nuestro destino puede ser uno que nos guste, pero ya es conocido. Si es conocido, la sorpresa será casi nula. Si nuestra sorpresa no existe, nuestra demanda para con el lugar será baja y dejaremos entrar pensamientos, ideas y dedicación de nuevo a nuestro trabajo. ¿No queríamos desconectarnos? Bueno, debemos ir a un lugar que esté experimentalmente desconectado a nosotros.

No tiene por qué ser en otro continente o con una lengua diferente. Quizás vivimos en una región con playa cercana y tenemos la posibilidad de hacer alguna actividad nueva como surf, snorkel, nadar con tiburones o jet ski. Planear y concretar esa actividad nos hará lograr la desconexión.

Nuestras vacaciones no tendrán el mismo formato y dinámica que la del resto del mundo, pero sí lograran darnos lo que todos buscamos: descansar, renovar, generar perspectiva, airear, desconectar, aislar y recuperar.

Bonus: Vacaciones de por vida ¿Sería bueno?

La gestión de nuestros horarios puede ser abrumadora y muchas veces sentimos tanta presión sobre nuestro hombros que fantaseamos con la idea de vivir de vacaciones y no preocuparnos por generar dinero. ¿"Vivir la buena vida" realmente se trata de eso?

Vivir de vacaciones puede parecer un lujo, pero tarde o temprano necesitamos hacer "algo". Más precisamente, necesitamos hacer algo útil. Aún más preciso, y esto no todo el mundo lo sabe, algo útil para alguien más.

Plantéate un escenario en donde pasas el día tomando sol, pidiendo tragos en una barra, jugando a la paleta y visitando lugares paradisíacos. Te armas el bolso a las 10 AM porque duermes hasta tarde y bajas a desayunar al comedor de un hotel. Con la panza llena sales a andar y te acomodas en una sombrilla en una playa remota. Pasas unas horas allí y aparecen ganas de salir a andar. Quieres moverte, descubrir algo.

Este escenario puede plantearse con infinitas configuraciones y durante infinitos días. Aún así, después de pasar un tiempo sin hacer nada, necesitarás hacer algo. Es cuestión de balance.

Existe gente más holgazana que otra, existen workaholics que no pueden dejar de hacer actividades productivas  y sentirse requeridos, pero existen términos medios. En cualquier caso, luego de un tiempo de NO hacer, hay que HACER y viceversa.

Y recordar que si uno mismo a través de la razón y la consciencia no toma la decisión de programar un descanso real, el cuerpo lo decidirá por nosotros.