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Escúchalo mientras caminas!

Hacia dónde vas.

A veces tus fines no están muy claros. Pasas el día yendo de acá para allá, cumpliendo con las rutinas, asistiendo las necesidades del momento y no comprendes bien hacia dónde va todo eso.

Las cadenas de pensamientos parecen haberse engranado y recurres a ellas una y otra vez como un círculo vicioso sin poder descubrir cómo hacerlas accionar. A veces estás tan cómodo con tus propias convicciones que no eres capaz de contrastarlas para saber si te están ayudando.

La comprensión y la confianza son la base para estructurar aquello en lo que crees. Pero se derretirían por sí solos si no tuvieran una dirección. Esta sugiere movimiento y genera la retroalimentación necesaria para usarlo, transformarlo, crear y sobretodo desarrollarse. Quizás esa dirección sea la expansión, la metamorfosis, la renovación, el cambio, la evolución, pero siempre comprende un destino específico.

Estás ahí calentit@, tapadit@ con tus formas de pensar que encuentras accesible en algún rincón cercano y alcanzable. El sweater que vienes tejiendo desde hace años te acompaña para sentirte bien contigo mismo. Las pantuflitas que están hechas a medida y que se adaptan perfectamente a tu pisada proveen el calor necesario para sentirte bien en tu hábitat.

Así de bien se sienten tus pequeñas estructuras internas.

El conocimiento que tuviste hasta este presente es el que te va a permitir consolidar tus creencias, pero no contribuirá a permitirte dar el primer paso hacia la expansión. Te creará este confort necesario para sobrevivir, pero no ayudará a sobrellevar aquellas nuevas aventuras que decidas vivir para crecer. El desconocimiento es el que impulsa el movimiento. El objetivo puede ser expandirse, crear y hasta conocer pero el hecho de no saber algo es lo que promueve al movimiento. Cuanto mejor si le asignamos una dirección a ese movimiento, ¿verdad?

Definir los por qués de nuestros pasos va a otorgarle esa orientación necesaria para continuar el camino hacia adelante. Puedes retraerte y enfocarte en el pasado, en tus saberes, pero por mucho que sepas, ¿de qué te sirve si no lo puedes aplicar en algo que está adelante?

El conocimiento viene después del desconocimiento y por ende tus creencias y corazonadas son las que aportan el primer impulso hacia saber más.

Con convicción y determinación.

Se reafirman tus creencias y las pruebas evidencian la verdad. Estás convencid@.

Luego, una semana, un día, unas horas, un instante o hasta una era después, tus convicciones se desvanecen por esas pruebas que decapitan lo que una vez supiste afirmar. Debe ser que tus certezas y ensayos no eran lo suficientemente fuertes como para que perduren por más tiempo. Pero, ¿por qué algunas consideraciones humanas perduran durante décadas, siglos y hasta milenios?

La comunicación de algunos valores hace que se cristalicen fácilmente en nuestras mentes y que pasen a ser fundamentales en nuestras vidas. Crean el suficiente sustento como para que esta se esparza y prolifere con sus portadores. La mayoría de las veces, las historias más simples son las que mejor se fijan. Las fórmulas más sencillas, con menos componentes, con menos interconexiones, son las que mejor canalizan y las que más perduran. Los hermanos Heath explican bien este fenómeno en su libro Ideas que Pegan (Made to Stick).

A medida que empiezas a incluir el cómo en tu historia, esta se va complejizando cada vez más. Puedes barajar la posibilidad de saltarte este cómo para generar desconocimiento teniendo solo la dirección. De esta manera pueden salir a la luz aquellas cuestiones que no sabes pero quieres, esas que necesitan ser orientadas hacia un destino en particular.

Cómo comprendes y luego crees.

Creer en algo refiere a enfilar ciertas conclusiones lógicas hacia una postura determinada. Es una forma que reúne todas tus convicciones. Estas se van entrelazando para formar una cadena de creencias que hacen que vayas saltando de plataforma en plataforma hacia un fin. En el camino, diversas acontecimientos pueden pasar. Se pueden agregar, golpear, herir, ayudar, voltear dichas creencias, alterando el rumbo con el que te conduces. Si esas nuevas coyunturas que surgen se acoplan a las tuyas, afectarán tus acciones y esfuerzos para conducirlos hacia nuevos modelos de pensamientos.

Saltando de plataforma en plataforma vas saciando tu sed por el conocimiento.

La creencia toca el concepto de comprensión. Cuando uno entiende lo que tiene adelante pasa a creer en eso. Es como que logras saltar a la siguiente plataforma.

La versión más directa podría ser ver algo y entender que eso está frente a nosotros. Nuestros modelos mentales establecen ciertas conexiones que permiten convencernos de que eso se encuentra delante nuestro, por ende existe, por ende creemos en él (“ver para creer”).

De la misma manera se podría tratar los demás sentidos, pero estos quizás generan sensaciones más ambiguas que no permiten asegurar al 100% la certeza de su existencia. Pero, ¿es sólo a través de la vista que pasas a creer en algo? En tanto te preguntes las razones de su existencia, seguirás abriendo el espectro del desconocimiento (que siempre quiere resolver). Entonces uno define a la creencia mediante los límites del desconocimiento. Este no tiene límites, por ende es inherente la incertidumbre en el ser humano.

Uno cree cuando define y se conforma con su conocimiento sobre algo.

La conformidad viene de corroborar las anteriores creencias personales, modelos de pensamiento, estructuras lógicas y fines para adecuar a ellos ese nuevo conocimiento.

Ahora bien, imagina que estás en una reunión habitual con algún amigo de esos con los que tienes confianza y te cuenta algo que parece poco verosímil. Dudas un poco, pero viniendo de la boca de alguien confiable pasa a parecer verdadero o por lo menos creíble. Así, ese condicional pasa a ser verídico cuando lo acomodas a tus estructuras, dejando entrar este nuevo camino que, dependiendo de la profundidad del surco, trazará una nueva creencia en tu psiquis. La confianza, que no es otra cosa que responder consistentemente una y otra vez formando un vínculo al que podemos recurrir y saber que siempre responderá de la misma manera, te ayuda a crear un orden de pensamientos que conforman la creencia.

Por otro lado, son ellas las que proponen movimientos en tus rígidas estructuras que viven en el pasado y del pasado. Estos armazones buscan predecir conjeturas presentes para establecer la certidumbre necesaria para mantener la comodidad. El conocimiento. Aquel que afirma lo que ya está establecido. Corrobora pero no concibe. Afirma pero no crea. Constituye, pero no compone. Llega hasta ahí.

Son las corazonadas, las posibilidades, las esperanzas, las incomprensiones las que mueven hacia adelante a la humanidad, no el conocimiento.

Persistencia

Llevas tu vida hasta ahora sobreviviendo, pero existe algo que te está molestando y te quita el sueño. No sabes bien qué es, pero esa persistencia te da a entender que tiene importancia para ti y tienes que averiguar de qué se trata. Es una idea, un pensamiento, una noción, un pequeño descontento, una piedra en el zapato, una mención, algo que va y viene insistentemente.

Desconoces su paradero o su misión y es por eso que tu cabeza no para hasta conocer de qué estas hablando. Te puedes hacer el/la tont@, puedes intentar suprimirlo, reprimirlo, luchar contra él, pero será el vencedor por persistencia. Es algo que hay que resolver. Saber qué es lo que tienes adelante es parte de tu naturaleza humana y es lo que te ayuda a seguir, a progresar y a expandirte.

Con convicción saltas en aquellas plataformas que permiten pisar firme por saber de qué estás hablando. Brincas a la siguiente y luego a la siguiente. La comprensión, de a un paso a la vez, hace que puedas navegar por un camino de incertidumbres sin verdadera noción de qué te espera. Pero determinar tus objetivos va a permitir ver el siguiente salto, aunque buscar el conocimiento desde el desconocimiento sea propio de tu naturaleza.

Siempre estarás persiguiendo la incertidumbre y sus verdaderos vacíos existenciales. Ese destino, será la idea que tengas de meta. Será lo que creas que sea. Será aquello que figura en tu mente con confianza pero que todavía no existe. Más vale acostumbrarte a estar cómod@ en el desconocimiento que cómod@ en el saber. De esa manera el crecimiento nunca perecerá.