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Escúchalo mientras caminas!

Acerca del valor de sus propios comentarios

Escuchando charlas, podcasts, estando en distintos entornos sociales, creando nuevas relaciones, me doy cuenta el valor que realmente podemos encontrar en los comentarios y cómo se subestiman constantemente.

Aplicando el criterio adecuado, estos pueden resultar gemas ocultas que podrían beneficiarnos tanto a nosotros como a la gente que nos rodea.

Puede pasar que alguien viene andando liviano con sus propias creencias y de repente, uno de esos que te ven como un buzón de sugerencias con patas, suelta una opinión acerca de algo que te compete solo a vos mismo. Habiéndole preguntado o no (realmente da lo mismo), el organismo empieza a verse comprometido por ese agente externo que atraviesa cual brochette aquellos pensamientos propios que se habían formado en primer lugar.

Dejamos que los comentarios nos atraviesen.


¿Cuánto de lo que se comenta tiene que ver con el que lo emite y cuánto realmente con el que lo recibe? Con la respuesta a esta pregunta develamos la intención del comentario.

A ver, no se debe malinterpretar, modificar nuestros propios pensamientos por agentes externos no es un problema. De hecho es un mecanismo excelente. Aquí estoy delineando el sentido con el que deliberadamente se expresa una idea hacia el otro.

Creo que en la mayoría de los casos, las personas lanzan sus comentarios sin pensar en sus consecuencias. Se suelta en caída libre cual paracaidista desde un avión, sin prevenir sus efectos y sin previamente analizar las razones. Podría parecer un proceso largo y arduo planteado en estos términos, pero en realidad el proceso es tan instantáneo como los pensamientos. Se trata de comprometerse con las palabras que uno dirige hacia alguien.

Aquellos que se comprometen con la causa.

En algunos momentos de la vida, nos encontramos necesitando la voz de alguien que nos guíe. Nuestros pilares, nuestras joyas que apreciamos para las buenas y para las malas. Aquellas personas que sabemos que creen en nosotros y sus comentarios tienen compromiso. En esos momentos, sea cual sea el comentario, podemos ver como fluidamente las palabras que salen de sus bocas son enviadas con sentido.

Hablo de dirección, de sustento, de inclinación, de decisión, de compromiso. Las razones, sean cuales fueran, no importan demasiado. Pueden ser dañinas, pueden ser sanadoras, pero son razones al fin. Eso demuestra que la persona orientó su comentario con algún sentido en particular. ¿Importa cuál?

Aquellas personas que sueltan comentarios como si fueran papas calientes tienen poco compromiso con su vida.

Los comentarios tienen mucho valor. Sea cercano o lejano la relación de uno con el que lo suelta, los interlocutores verdaderamente comprometidos son los que agitan y promueven el movimiento. Los que hacen reflexionar y sobre todo lo más importante, dan libertad libertad de acción y elección.

Valorar los propios comentarios incluye percibir hacia dónde y por qué son enviados y hacerse cargo de sus consecuencias.

Escuchar, observar, absorber e interpretar lo que se nos presenta es lo que apuntala nuestras formas de pensar. Reaccionar ante lo que no nos gusta, cumplir con nuestras creencias internas y promover nuevas formas de pensar es solo una parte de la ecuación. La otra tiene que ver con encontrar una dirección y destino para esas respuestas. Para eso, ubicar dónde se va a posicionar nuestra voz servirá como base para interpretar las consecuencias de nuestras palabras, considerando que el foco debería estar siempre en el receptor y no en el emisor.

¿Por qué debemos valorar nuestros comentarios, entonces?

Porque nuestros comentarios evidencian lo que somos.