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Escúchalo mientras caminas!

Nos preocupa cómo sobrevivir.

Tanto que la mayoría no puede cambiar el switch, mirar a otro lado, superar el modo en el que viene siendo, actuando y sintiendo. Nuestro estado de supervivencia nos gana y dejamos que así sea.

Necesitamos la seguridad de tener qué comer, mantenernos sanos y salvos y hacer lo mismo por nuestros seres queridos.

¿Qué pasaría si pusiéramos todos nuestros esfuerzos en solucionar esto permanentemente?

Seguramente entrarían en juego otras oportunidades para nuestra vida.

Si bien el nomadismo digital no asegura ningún tipo de perpetuidad en el asunto, sí entrena la mente para luchar contra la idea de escasez.

Cuando tememos por nuestra vida en términos materiales estamos aplicando este concepto. El miedo de que se nos terminen los recursos. Para sobrellevar esto no queda otra que entrenar.

Necesitamos generar hábitos saludables que nos permitan salir y entrar de estos sistemas. Cuando logramos observar lo que significa poder pensar más allá de nuestras comodidades básicas, nuestras posibilidades aumentan. Empezamos a tomarle el gustito a perseguir eso que nos motiva.

Expandimos nuestra visión

Parece difícil pensar en proyectar algo sin tener la posibilidad todavía. Antes de expandir nuestra idea de cómo vivir, pensamos en que todavía no tenemos resuelto nuestro propio pasar económico, estamos llegando justo a fin de mes, no tenemos suficiente tiempo o estamos padeciendo alguna enfermedad.

Necesitaremos practicar antes de comenzar a expandirnos.

Cuando proyectamos algo que tenemos en mente estamos abriendo nuestras posibilidades. El hecho de animarse a plasmarlo en un dibujo, imprimir una foto, contarle a alguien, recordarlo día a día o escribirlo ayuda a volver más elástica nuestra percepción de lo que podemos hacer.

Seguramente, si estamos muy trabados, percibiremos esta proyección como “una locura”, algo “imposible” o que incluye demasiados pasos para poder lograrlo. Allí es donde normalmente abandonamos nuestras ideas, nos convencemos de que estamos siendo imprudentes y no podemos llevarlo a cabo. Nuestras aspiraciones se ven sobrepasadas por nuestra situación actual y ni siquiera lo intentamos.

Las miles de tareas necesarias para concretar lo que queremos nos abruman cuando las percibimos todas juntas.

Cuando expresamos un deseo y lo volcamos en formato físico logramos sacarlo de nuestra cabeza para verlo con detenimiento. Podemos verlo de desde varios ángulos y fundamentalmente entrenar nuestra capacidad de crecer. Lo estamos haciendo en ese preciso momento.

Ahora bien, si el deseo quedara solamente escrito no valdría de nada ¿no es cierto?

Si nos parece lo suficientemente grande, quizás nos veamos abrumados acerca de cómo llevarlo a cabo, así que debemos ir tamizando los objetivos en pequeñas tareas factibles. Esto nos dará una perspectiva más cercana y nos empoderará para dar los primeros pasos.

Si el primer paso es algo que podemos hacer en un día, entonces tiene la dimensión adecuada. Si es algo que lleva más días o incluso semanas, entonces debemos descomponerlo aún más para hacer las unidades más pequeñas.

Es necesario que ganemos envión con estas tareas. Para esto es vital lograr hacer un hábito lo suficientemente posible como para llevarlo a cabo durante meses. Si hacer 5 tareas es imposible por la demanda de tu trabajo actual o tu situación personal, entonces que sean 3 por día. Si no puedes 3, que sea 1 quehacer por día. La clave es que no resulte agobiante y que perdure en el tiempo.

El mini resumen sería:

  1. Identificar qué queremos hacer
  2. Agrupar conjuntos actividades y resultados para llegar a ello
  3. Descomponerlos en acciones diarias
  4. Encontrar un ritmo que te permita hacerlo durante meses/años

Cuando ya tenemos nuestro trabajo “ideal”

Preguntarnos qué sería de nosotros sin el trabajo que tenemos actualmente nos hace temblar. Imaginarnos sin ese ingreso necesario resulta escalofriante y desafiante.

¿Qué sucede si trazamos un plan para lograr extralimitar ese trabajo y hacer lo que realmente nos gusta?

Quizás podamos utilizarlo para escalar. No quiere decir que lo dejemos ni mucho menos. Simplemente que este no nos imposibilite a ir por más. Que no nos impida soñar con nuevas medidas para nuestra vida o que nos permita ascender y superar aquellas cuestiones que no nos gustan.

Por supuesto que está bien “estar bien con el trabajo” en la medida que nos mantenga despiertos y nos permita conocer nuestras posibilidades.

Cuando nos encontramos tan enfocados en nuestras necesidades perdemos permeabilidad y sensibilidad con el mundo, nos invade una sensación adormecedora.

Muchos de nosotros usamos la supervivencia para definir nuestra existencia. El foco continuo en la escasez permite pensar solo en nosotros mismos y en cómo solventar nuestros infinitos requisitos. Dicha escasez activa ciertas emociones que desde nuestra experiencia pasada, controlan nuestra experiencia presente.Queremos evitar tropezarnos con la misma piedra, pero fácilmente dejamos que las emociones dominen el juego. Definen nuestra existencia tomando el lado de la supervivencia.

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Nuestras emociones son conductoras activas que empoderan o suprimen nuestros cuerpos en función a nuestros modelos mentales. No somos conscientes del poder que tienen, pero sin embargo somos capaces de re-definirnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.

Descomponer nuestros objetivos en acciones diarias puede mover montañas. 1, 2 o 3 acciones por día bastan para empezar con aquello que queramos incorporar en nuestra vida.

Y sobre todo paciencia, un paso a la vez.